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Tamizaje de Lesiones de Cérvix con Citología en Control Pre-natal}

El cáncer de cuello uterino constituye un problema de salud pública en América Latina. Es el tumor maligno más frecuente en las mujeres del continente, y es la neoplasia con mayor índice de mortalidad en la población femenina en general. (1)(2)
En nuestro país, la tasa de prevalencia del cáncer de cuello uterino es de 47 x 100.000 mujeres, tasa que nos ubica entre los seis países con mayor prevalencia reportada de esta patología en el mundo. (1)(2)(3)
La experiencia en países desarrollados ha demostrado que la única manera de disminuir la morbimortalidad asociada al cáncer del cérvix es mediante la prevención secundaria, a través del diagnóstico de las lesiones en su etapa intraepitelial, etapa en la que el tratamiento resulta mucho más eficaz, más económico, y puede ser llevado a cabo en centros de menor complejidad, más próximos a los lugares de procedencia de las pacientes, con internaciones más cortas o aún en forma ambulatoria. (1)(2)(3)(4)(5)(6)(7)
Estas lesiones intraepiteliales son asintomáticas, y por ese motivo, las pacientes portadoras de tales lesiones deben ser identificadas y diagnosticadas entre las mujeres de la población general. Hasta el momento, el método más adecuado para ello es el establecimiento de programas de tamizaje basados en el estudio citológico cérvicovaginal, asociado a un sistema integrado de referencia de las pacientes en las que se detectan hallazgos citológicos anormales. (1)(2)(3)(4)(5)(6)(7)(8)
Para que este sistema de prevención secundario, a través del tamizaje citológico cérvicovaginal tenga resultados óptimos, es imperativo y constituye el primer paso, alcanzar un máximo de cobertura poblacional, disminuyendo al mínimo las oportunidades perdidas para la realización del estudio. Teniendo en cuenta que el sistema de detección en nuestro país es meramente oportunístico y no programado, es importante la captación de pacientes en los medios a los cuales ellas acuden en forma espontánea para evaluación prenatal, por ejemplo. Por lo tanto sabiendo que de los 162000 nacimientos que se registran por año en el país, alrededor de  144180 (89%) mujeres embarazadas acuden a control pre-natal por lo menos en una ocasión y que solamente alrededor de 92340 (57%) de ellas tienen un control suficiente, esta diferencia de 51840 mujeres constituirían oportunidades pérdidas para la detección del cáncer o sus lesiones precursoras y se dejarían de diagnosticar aproximadamente 1000 casos (2%) de pacientes con citología positiva. (8)
Esta asociación con un sistema integrado de las pacientes es indispensable, ya que la citología cervical, aunque ocupa una posición central dentro del esquema de los programas de prevención, es solo una parte del complejo sistema que debe conformarse para alcanzar las metas propuestas, pero sin dudas, si no aumentamos la cobertura como primer paso, será imposible avanzar en lo demás. (1)
En diferentes revisiones se ha encontrado un cáncer de cérvix in situ en 1.3 por 1.000 mujeres embarazadas, lo que representa un caso por cada 767 embarazos; el dato para el cáncer invasor es en promedio de 0.45 por 1.000 que corresponde a un caso por cada 2.205 embarazos; la incidencia global es de un caso por cada 1.240 embarazos. Según Creasman el 9% de las mujeres menores de 50 años que padecían carcinoma de cérvix estaban en embarazo o en los seis meses subsiguientes al parto cuando se estableció el diagnóstico. Las mujeres embarazadas afectadas por cáncer representarán el 0,8% de los cánceres que afectan al sexo femenino. Se dan cifras de una mujer embarazada y con cáncer (de cualquier órgano) por cada 1.000 embarazos. En condiciones similares pareciera que el embarazo no afectara el pronóstico del cáncer, al comparar con el cáncer de la población no gestante. La incidencia del cáncer cérvico-uterino es variable por distintos autores y series y las cifras varían desde 1 hasta 13 por cada 10.000 partos. (9)(10)
El cáncer cérvicouterino es curable en etapas precoces; para tratar estas etapas necesitamos de los programas de detección precoz; el embarazo representa una oportunidad excelente para conseguir este objetivo. El tratamiento oportuno conseguiría bajar las tasas de mortalidad. El mayor número de casos debería estar en etapa preinvasora, si la detección precoz funciona correctamente. El objetivo del tamizaje de la población es detectar la neoplasia en esta fase. La curación será 100%, y el impacto al disminuir las tasas de mortalidad será importante. Entre la segunda y tercera década de la vida está la población, más expuesta al embarazo y también a neoplasia intraepitelial, de modo que la oportunidad es inmejorable para cumplir los objetivos expuestos. Por otra parte es significativo que 3 a 5% de las embarazadas presenten cifras de citología anormal (la población no embarazada presenta, para la misma década 2 a 3%) (9)(10)
Las mujeres afectadas por esta enfermedad corresponden a la población económicamente activa y sobre todo en edad reproductiva, lo que sumado a la alta tasa de natalidad con un promedio superior a seis nacimientos por mujer en el ámbito rural, nos da una idea del problema socioeconómico asociado al cáncer del cérvix. Debemos agregar que esta enfermedad es debilitante, y produce un deterioro progresivo de la salud de la paciente, culminando en más del 50 % de los casos, con la muerte de la misma. (1)
Para el tratamiento de esta enfermedad en etapa avanzada, en nuestro país se emplea como método principal y primario a la cirugía, requiriéndose el desplazamiento de las pacientes a los centros quirúrgicos de la Capital y alrededores, con internaciones prolongadas y costosas, hecho que agrava aun más el problema familiar y social. (1)

 

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